Hoy se acaba lo bueno, pero antes de eso aun tenemos tiempo de visitar la medina vieja que dicen es impresionante, así que nos levantamos temprano y vamos para allá a pesar de que no recomiendan visitarla solos, por el acoso constante y por la complejidad de sus calles. Nos metemos de lleno en la medina “nueva” y efectivamente empiezan a asaltarnos diversos “guías”. Uno de ellos se molesta cuando paso de él y empieza a llamarme “cabrón” y a hacerme la zancadilla. A la segunda me doy la vuelta y le miro con cara de “a la tercera te tocaré yo a ti y no me importará nada”. Empieza a recriminarme delante de todo el bazar, y Dani y yo en seguida nos damos cuenta de que estamos a tiempo de evitar un enfrentamiento, así que muy educadamente le pedimos disculpas por haber pasado de él y ahí acaba la cosa.
Existe policía de paisano que cuidan de que estas cosas no pasen. Policía turística se llama, ya que estas personas acosan muchísimo a la gente que va a visitar las medinas, y además les quitan el trabajo a los guías oficiales. Entiendo que la gente quiera buscarse la vida, pero realmente algo así puede llegar a estropearte una visita. Igualmente vimos claro que esa entrada no era la correcta, y decidimos salir y rodear la medina para entrar por otra más principal, cuando vemos una vez subida la colina, la medina vieja desde lejos.
Sólo desde lejos ya es impresionante. No sabría como describir como caben tantas pequeñas casitas y negocios en tan poco espacio. La sensación es como mirar un Lego de una gran ciudad, y vimos claro que sería imposible entrar, ver algo interesante y salir de ahí en un par de horas sin un guía, además ya estábamos agobiadillos de tanta gente y movimiento, así que los dos pensamos en lo mismo: aprovechar el poco tiempo que nos quedaba para visitar las ruinas romanas de Volubilis. Empaquetamos todo, y salimos para allá.
Las ruinas verdaderamente son impresionantes. Tienen un arco del triunfo muy bien conservado, y puedes pasear por las plazas y por el interior de las casas. Tienen una pequeña explicación de para que servía cada edificio, el porqué de su construcción, y puedes admirar cosas tan curiosas como los baños públicos, el alcantarillado, casas con piscina en su patio interior, preciosos y graciosos mosaicos muy bien conservados, etc… Las ruinas son bastante grandes, y te puedes perder por allí toda la tarde perfectamente. A mi me hubiera gustado estar más rato sentado en esas piedras, bajo esos arcos y esas columnas, tocando la piedra y pensando como sería la vida en aquella época: el movimiento de las personas por las calles, comerciando y charlando, los niños correteando entre las callejuelas, la gente bañándose en las piscinas, las flores rebosando de las macetas del arco del triunfo, los caballos entrando y saliendo, las discusiones sobre la vida de la ciudad en el fórum mientras se pone el sól, los maestros enseñando a los niños el movimiento de las estrellas… ¿Cual sería el motivo de que un día esa gente abandonara esa estupenda ciudad?
MaFi Boorman y Dani McGregor en las ruinas de Volubilis
El arco del triunfo aun en pie, impresionante.
Bueno, hay que despertar porque nos quedan 240 kms hasta Tanger. Y la verdad es que se nos hacen pesados, muuuy pesados. Yo voy con un sentimiento entre ganas de llegar y meterme en el barco, y ganas de no dejar Marruecos atrás, pero sea como sea, estos últimos 240 kms han sido los más largos y pesados de todo el viaje.
Por fin llegamos a Tanger sobre las 18.30 de la tarde, y lo primero que vamos a solucionar es el tema de las tarjetas de embarque. En teoría nuestro barco zarpa a las 0.00h pero nos avisan de que ya están cargando el barco y que debemos pasar ya. Cambiamos los Dirhams que nos quedan a toda prisa y hacemos todo el papeleo. Poco después estamos al principio de la cola de entrada al barco y nos hacen esperar… y esperar… y esperar mientras entran todos los trailers. No conté el tiempo pero seguramente estuvimos esperando unas tres horas.
Revisaban los trailers uno por uno, en busca de gente escondida entre las ruedas o debajo del trailer. En un momento encuentran a dos chavales muy delgados y bastante andrajosos y los sacan de ahí. Los chavales tienen una cara de pesadumbre encima que pocas veces he visto en directo en una persona, probablemente porque ellos sabían lo que les esperaba y yo no. Los encierran en una garita justo delante nuestro. Intento ver lo que pasa dentro pero los cristales están tintados. Varios policías van a verles, pero de momento no pasa nada. Mi idea era que vendría un coche a buscarlos y los soltarían de nuevo a las calles de Tánger sin más.
Sigue pasando el rato, y siguen entrando contenedores. Oigo unos ruidos dentro de la garita, como de latigazos, y unas risas, y unos gritos. A contraluz por el cristal veo como los policías les están pegando a los chavales con un cinturón de cuero, una paliza brutal, mientras los de fuera se iban riendo de los gritos desgarradores de los chavales y jaleaban a los atizadores cuanto más fuertes eran los correazos. Se iban pasando el cinturón de unos a otros para pegarles una y otra vez mientras los increpaban ensordeciendo los gritos de clemencia de los chavales. No entiendo demasiado árabe, pero no parecían palabras agradables.
La escena se repitió tres veces en cuestión de una hora y media más o menos. Iban llegando nuevos policías para pegarles, y luego salían de la garita a seguir con su trabajo como si nada. Cada vez tenía el estómago más revuelto. Sentía una mezcla de rabia, impotencia y asco por esos policías difícil de describir. Puse el caballete a la moto y me senté en ella, mirando directamente a la garita, para ver si bajo la mirada de un occidental se cortaban un poco, pero no parecía importarles demasiado. Es más, yo creo que forma parte de su trabajo escarmentar físicamente a la gente que quiere abandonar el país ilegalmente.
Con esta sensación de “ojalá todos los policías sádicos, injustos y brutales de todos los países del mundo se mueran” subimos al barco, y en seguida conocemos a Oriol, que viene vestido de motero también. Aunque no es mucho de foros, frecuenta motostrail, trailcatalunya y algunos otros, y por supuesto conoce MTB. Lleva un mes por Marruecos a lomos de una XR650 y en seguida tenemos buen rollo. Al poco después decidimos alquilar un camarote por 26 € más cada uno, de esta manera no nos chupamos dos noches durmiendo por los suelos. Oriol comparte con nosotros su cena, y en seguida estamos los tres durmiendo.
Con Oriol, pasando la mañanita en el barco
Esta última noche he dormido como un angelito unas 12 horas. He salido a cubierta a tomar un poco el sol y a comer algo, y ahora sigo en el camarote después de una buena siesta.
Marruecos 2010 se acabó, pero mi historia continúa ahora en Barcelona. No sé que me depara el futuro, pero si algo he aprendido aquí es a vivir más el presente. Por una parte valorar más lo que tengo, y por otra parte despreciar un montón de cosas inútiles que arrastramos con nosotros y no nos sirven para nada más que añadir peso a nuestras espaldas. Que no vale la pena vivir del pasado, ni guardar cosas del pasado que, aunque puedas tenerles cariño, a día de hoy ya no te sirven para nada, tan sólo te atan a una vida que ya no volverá. Que se puede ser feliz con muy poco, y que muchas veces sin saberlo lo tenemos todo y aun así somos desgraciados. Esta gente no tiene nada, y a pesar de eso la impresión que me llevo es que viven tranquilos y felices. También he aprendido que en general la gente es buena, que hay que confiar más, que vivimos paranoicos sin fiarnos unos de otros, en silencio sin decir nada y sin mirar al de al lado, no sea que nos haga daño. Que es bueno para el alma ser hospitalario y compartir lo que tienes con quien lo necesita… y que el te a la menta te calma la sed durante bastante rato :)
Voy a ver si veo la puesta de sol a cubierta. Gracias por estar ahí y nos vemos en la próxima… imsallah.
