Hoy es uno de esos días en que pasan varias cosas por mi cabeza, tales como:
· Dedicarme a la apicultura: compro unas abejas y unos panales. Las abejas producen miel. Envaso la miel y la vendo a las personas del pueblo. Es muy poco probable que el proveedor de panales viniera a reclamarme 1.200 € por el alquiler del ancho de banda de los panales que, por error suyo, he dejado de pagar durante algunos meses.
· Comprar unas cabras y un molino derruido en el Pirineo y hacer quesos: Compro las cabras y las saco a pastar por la tarde. Por la mañana las ordeño en el molino y con moldes de barro hago los quesos. A lo sumo haría dos tipos de quesos, frescos y semicurados. No hay más… Si te gusta lo compras y si no lo dejas. Seguramente no vendría ningún cliente insatisfecho cuando se ha comido la mitad del queso diciendo que en realidad el quería un curado, pero claro, no estaba contemplado en el presupuesto ni en el análisis inicial de diseño del queso, por lo tanto la implementación del queso final no es la que el había pedido. Resumiendo no tendía que hacer dos quesos de diferentes tipos y cobrar uno.
· Coger la moto y conducir dirección norte hasta que se termine el depósito: Y después dejar la moto en la cuneta y seguir corriendo a lo Forrest Gump, durante años… Viviría de la caridad y de sponsors tales como Nike, Adidas o Gillette. Bueno, pensándolo bien en mi caso este último seguro que no me esponsorizaría.
Y para calmar este malrollismo profesional que me ha entrado hoy nada mejor que una canción que viene retumbando en mi cabeza desde que empezó el verano :)
Este año he decidido cumplir un pequeño sueño, a la vez que un gran reto. Desde hace tiempo me pregunto como me desenvolvería en un país con una cultura diferente, viajando por una ruta fuera de carretera, salvaje y desértica, completamente sólo y sin más compañía que unas cuantas herramientas, un GPS, una tienda de camapaña, un mapa y mi moto.
Entiendo que a muchas personas esto les puede parecer una locura, y visto objetivamente realmente es para pensar a qué lunático se le ocurriría “malgastar” una semana de “vacaciones” complicándose la vida en un desierto. Conozco a más de uno.
Pero, ¿Por qué?
¿Por qué los motoristas somos seres raros y solitarios? ¿Por qué parece que nos gusta sufrir bajo los elementos? La respuesta es fácil: por que nos gusta demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces de hacerlo. Nos llena de orgullo y seguridad en uno mismo, nos hace volver a casa exhaustos y con una sonrisa de niño feliz.
Pero, ¿Por qué tan lejos? Ya no se viaja en caballo, así que la bicicleta y la motocicleta son los dos únicos vehículos con los que estás en contacto con la naturaleza mientras viajas. Si en el mundo hace frío, tienes frío. Si hace viento, la arena te pellizca los brazos. Si hace sol, te quemas. Si llueve, te mojas. Y nos encanta sentirnos unidos al mundo, porque nos encanta descubrir sus paraísos escondidos aunque sabemos que encontrarlos requiere de un esfuerzo físico y mental. Pero además te sientes libre, muy libre, porque la máquina del demonio se convierte en una prolongación de tu propio cuerpo obedeciendo a tu mente. El mejor momento del motorista es haber sufrido durante un duro y empedrado camino, perdiéndose y encontrándose, lleno de polvo y ampollas en las manos y, al girar la curva, ver la sinuosa silueta de un claro río cruzando uno de los prados verdes más bonitos que haya visto, moteado por los colores vivos de los vestidos de las mujeres que lavan la ropa y recogen grano.
Nos gusta aprender como viven otro tipo de personas, porque eso enriquece nuestras almas. Nos gusta dormir bajo cielos estrellados porque sólo así notamos lo pequeños que somos y la poca importancia que tiene todo realmente. Nos gusta conducir en silencio durante horas, sólo enfrascados en nuestros pensamientos sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la guerra. Supongo que es por eso por lo que somos tan raros. Pensamos demasiado.
Pero sobre todo nos gusta tener miedo a lo desconocido y superarlo. Superar los obstáculos que la naturaleza te pone en el camino sólo para recompensarte después con un pequeño paraíso. Los obstáculos que la política te pone sólo para luego saborear la auténtica libertad. Los obstáculos que los ignorantes y los manipuladores escupen en forma de miedo sólo para luego sentirte orgulloso de haber visto por ti mismo que la bondad está en los corazones de todas las personas, que todos somos hermanos de una misma raza, y que sin odio este mundo sería el mejor mundo donde vivir.
Y a todo eso llegamos montados en nuestra frágil y pequeña montura, por nuestros propios medios, habiendo sudado cada kilómetro del camino y levantando curiosidad y admiración por dondequiera que pasas. Realmente en ese momento te das cuenta de la suerte que tienes.
Supongo que es lo que tiene que pasen los años, que te vas conociendo. En mi caso descubro algunas cosas que no sé si son del todo buenas, pero como dice aquel, el final es lo que cuenta. Descubro que soy capaz de aguantar una situación angustiosa durante mucho tiempo sólo por no dañar a los que me rodean, lo cual es un error, porque al final se acaban dañando más.
Pero también descubro que un día, después de algún tiempo, despierto con la mente clara y con las cosas que debo hacer escritas a fuego en la piel, y de repente todo cobra sentido, y ordeno esas cajas que llevaban meses esperando ser abiertas, hago limpieza de mis documentos, de mis fotos, de mis recuerdos. Aparto lo que siento que me hace mal y acerco lo que creo que me hace bien.
Y ese mismo día, cuando ya todo está en orden, me entran ganas de hacer cosas nuevas, y se me ocurren buenas ideas, y estoy más centrado y contento en mi trabajo y en todo lo que hago.
Sólo quiero dejar esto escrito aquí, porque este es mi primer aprendizaje importante sobre mi en mucho tiempo, y no quiero olvidar la lección. Es bueno esto de conocerse, al final lo que consigues es fe en ti mismo.
Y para celebrarlo, un temita de un disco que hace unas semanas no puedo parar de escuchar. Donavon Frankenreiter. Sí, el nombre es un poco exótico, pero parece buen chaval ;)
De toda la música que puedo escuchar, la que el piano es protagonista para mi es la más inspiradora. Recuerdo mis primeros pasitos con un pequeño teclado cuando era niño y como, más tarde, un viejo y desafinado piano de principios de siglo pasó a ser mi compañero en los momentos de soledad. Nunca tomé lecciones, sólo me dejaba llevar acariciando sus teclas y sonsacándole tímidamente algunos acordes, pero poco a poco iba desenterrando de ese piano antiguas melodías que cada vez sonaban mejor, hasta el punto en que yo y mi piano éramos la banda sonora de mi casa, y cuando no sonábamos la casa estaba extrañamente silenciosa, vacía, sin alegría.
A veces algo malo, o triste, o desesperanzador ocurría. En esos momentos me sentaba delante de él, y sólo tocando durante horas conseguía relajarme y sentir que nada más importaba. Entonces llegaban las respuestas.
Hoy, como entonces, en muchos momentos me siento sólo en casa. No es una soledad dolorosa, a veces incluso es necesaria, pero en esos momentos echo de menos a ese viejo piano que me ayudaba a pasar las horas creando algo bonito, algo por lo que los demás te recuerdan, algo que en definitiva deja huella en el tiempo. No hay nadie aquí para escucharme tocar, y probablemente ahora no dejaría ninguna huella, pero sé que mi viejo piano aliviaría el silencio que a veces se adueña de lo que me rodea.
Curiosamente esto me hace pensar en la diferencia entre casa y hogar, el lugar donde vives y duermes, y el lugar donde están las personas a las que amas. Desgraciadamente todas las personas que quiero están tan repartidas, distantes y separadas entre sí que ahora es imposible tener un hogar.
¿Cómo sería la perfecta noche de verano? Quizá playa, quizá luz de antorchas, quizá un poco de calor y una bebida fría, quizá olor a coco, quizá un poco de música que te inunde de buen rollo…
Pues esto es lo que ofreció Costo Rico anoche en Masnou. Otro de estos grupos que ofrecen su música gratuitamente a través de Internet, y son simpáticos, sociables y accesibles. En definitiva, personas y no dioses intocables.
Como casi siempre hago en este tipo de bolos, al acabar la actuación me acerqué a la cantante para pedirle permiso para colgar alguno de sus temas y de paso para preguntarle como demonios se ganaban la vida si regalaban su música. La respuesta es obvia: con los bolos. Parece que no les va nada mal y que el nuevo modelo de negocio musical funciona.
Le dije a Meri, la cantante, que colgaría el tema que más me gustase, pero es difícil elegir uno porque hay muchos buenos, así que colgaré tres:
De vez en cuando de entre toda la basura publicitaria sale alguna obra de arte que me pone la piel de gallina. Hay que reconocer que aunque el nuevo anuncio de Estrella Damm caiga en casi todos los tópicos veraniegos (esas fiestas en la playa, esa isla paradisíaca y solitaria, esos pivones por doquier, esos rincones de ensueño…) es una joya publicitaria, ya no sólo por el buen rollito que te entra, sino por como han sabido transmitir sensaciones que a todos nos gustaría vivir. Por supuesto si es con una Estrella en la mano, mejor ;)
Ya de paso y como cada año, un anuncio de estas características lanza la que podría ser la canción del verano: Billie the Vision – Summercat.
Es curioso como a veces una misma situación, una misma idea, un mismo sentimiento, tiene versiones distintas según la persona que lo vive y lo interpreta.
Una muy buena versión de Rita Lee, dedicada a todos aquellos que por lejos que estén… siempre estarán.
Hace tiempo que no jugamos a las bandas sonoras, así que vamos a intentar retomar el tema dentro de lo que me permita mi tiempo. Esta vez se trata de la banda sonora de una peli raaraaa, raaaarrraaaa, rara de cojones, pero que seguro que todo el mundo ha visto. Esta vez voy a poner dos temas, que en realidad es uno seguido. Si no la pillais con el primero, escuchad el segundo ;)
La banda sonora de esta peli no tiene desperdicio, al igual que ninguna compuesta por su autor. Está protagonizada por un actor muy conocido de películas de acción y para más señas, es francesa. Su director es el único director francés que conozco que hace películas que se pueden ver sin dormirse.