Despedimos no sin tristeza al maravilloso Xaluca, y nos dirigimos hasta Errachidia para volver por donde vinimos el primer día. Nos esperan unos 520 kms hasta Fes. Sorprendentemente la ruta de subida se me hace incluso más bonita que la de bajada. Pasamos por el lago, por el bosque de cedros y nos desviamos por Ifrane. Los kilómetros van pasando pero no van pesando, y el ritmo es muy bueno. Bajamos incluso hasta los 13º cuando atravesamos las partes más altas del Atlas mientras pienso en que no saben cuanta razón tienen los que dicen que Marruecos es un país de contrastes. Tan sólo un par de días antes estábamos a unos abrasadores 45º en mitad del desierto, y hoy pasamos frío en los bosques más frondosos.

Una vez en Fes se hace patente el caos normal de este tipo de ciudades grandes. El tráfico loco, falsos guías en sus pequeñas motos acosándote para llevarte al hotel de su primo, etc… Nos perdemos del todo por Fes, y damos vueltas durante algo más de una hora buscando un hotel decente y asequible, sin éxito. Ante todo queremos dejar las motos en un lugar seguro.

Cansados de dar vueltas bajo el acoso constante el hotel Mirage nos mira con buena cara, y decidimos que ya que es nuestra última noche en Marruecos vamos a darnos un (otro) homenaje. El hotel por fuera tiene muy buena pinta, pero por dentro no deja de ser un hotel normalito, a pesar de lo que prometen sus cinco estrellas.

Fes son tres ciudades en una: la ciudad nueva, la medina “nueva” y la medina antigua. Decidimos ducharnos y dar una vuelta por la ciudad nueva, picar un curioso McArabia en un McDonalds y volvemos a subir al hotel a descansar un rato antes de volver a salir a tomar una cervecilla por ahí.

El primer local que encontramos estaba cerrado, así que vamos a una especie de Pub con licencia para servir alcohol, y allí conocemos a “Pepito” y a Rachid. Nos cuentan cantidad de historias de Marruecos y en seguida entablamos una buena conversación. Tres cervezas más tarde volvemos a la habitación, aunque yo no tengo nada de sueño y decido salir de nuevo a ver que encuentro, mientras Dani se duerme en cero coma.

Me doy un paseo por el hotel que está medio muerto, y me sigo aburriendo, así que voy de nuevo al Pub que ya estaba cerrando para “los clientes de fuera”. Entro y sólo veo a Rachid, que se alegra de verme de nuevo, y está con dos amigos más. Uno de ellos es el jefe de radiología del hospital de Fes, y entablamos una animada conversación en inglés, y aunque los otros dos no entendían ni papa, Rachid les iba traduciendo. Un tipo verdaderamente encantador, muy simpático y gracioso que físicamente se parece a Dani de Vito.

Más tarde nuestros dos amigos se marchan y me quedo a solas con él. Me invita a todas las cervezas (lo siento, no recuerdo cuantas) y me cuenta que el tiene dos granjas, y un piso en Casablanca. Que quiere un Suzuki Samurai para que las chicas se fijen en él, y que la próxima vez que vaya a Fes no se me ocurra ir a un hotel, que lo llame sin importar cuanta gente seamos, que tiene sitio de sobra y nos montará una buena ruta. También me cuenta que quiere montar un negocio de paseos en moto custom por Marruecos, dentro de unos meses, que tiene un camello bebé que lo quiere como si fuera un perro, y muchísimas historias más. Al final me lleva hasta el hotel en su impresionante Mercedes, no sin antes dejarme su e-mail para estar en contacto, y su facebook para que mire las fotos de su camello bebé.

Me voy a dormir con la sensación de haber hecho un buen amigo aquí.

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